NOTICIAS DEL MÁS GRANDE

Lo último


Normalizando lo anormal

River se metió por cuarta vez consecutiva en las semifinales de la Copa Libertadores. Con la goleada en Montevideo ante Nacional, Marcelo Gallardo lo logró una vez más con nuevos grandes aciertos en su equipo...



En medio de un año muy atípico y que cambió la vida de todo el mundo, River sigue en la vieja normalidad. Una normalidad que instauró Marcelo Gallardo desde su llegada en 2014 y que llevó al Millonario a seis semifinales en sus últimas siete participaciones continentales, contando Copa Libertadores y Sudamericana. Cuatro de ellas de forma consecutiva, dado que clasificó a esta instancia en las últimas cuatro ediciones de la Libertadores: 2017, 2018, 2019 y 2020. 



Este dominio de La Banda en el continente es una prueba cabal de la capacidad de reinvención de Gallardo. Con planteles muy distintos y que sufrió bajas de peso continuamente, River siempre mantiene la competitividad. Temporada tras temporada y con diferentes esquemas o jugadores, el equipo del Muñeco sigue teniendo el mismo ADN. Y el encuentro ante Nacional en Montevideo fue una muestra más. Sin Enzo Pérez (coronavirus) e Ignacio Fernández (lesión), y con las ausencias de dos pesos pesados como Javier Pinola y Milton Casco por decisión táctica, River igualmente dio la talla y superó las expectativas con un nivel apabullante, incluso con jugadores que no tenían continuidad y eran discutidos en el pasado cercano..



La consolidación del nivel de Jorge Carrascal y Bruno Zuculini son una clara muestra del poder de convencimiento y visión a futuro de Gallardo. Futbolistas que tenían pocos minutos y en algunos casos eran discutidos, pero que a largo plazo fueron ganando protagonismo a base de buenos rendimientos individuales, y sobre todo, algunos detalles tácticos que el DT les fue agregando a su juego para ser tan funcionales en el equipo actual.



Carrascal pasó de ser un futbolista con interesantes destellos a un jugador mucho más global y que pesa en los trámites de los partidos, haciendo gala de su enorme repertorio técnico, con el cual se está haciendo cada vez más importante en el equipo, especialmente cuando no está Ignacio Fernández. Mientras que en el caso de Zuculini, Gallardo reinventó su posición de volante central para ser un interior de llegada, el cual cumple con creces y con muchos goles: una versión mejorada de lo que había mostrado en sus inicios en el Racing de Luis Zubeldía. 



Si bien la expulsión de Sergio Rochet simplificó el partido para River en Uruguay, el Millonario demostró un nivel fabuloso ante un rival de peso en el continente y al que superó en todos los aspectos desde un principio. El global de 8-2 en la serie habla por si solo; la diferencia de jerarquía individual fue notoria, pero aún más se vio desde lo colectivo. River, ya sea en 4-4-2, 4-1-3-2, 4-3-3 o 3-5-2, domina a sus rivales, los somete a partir de su estilo. Las premisas de presión y ritmo alto, laterales profundos, movilidad constante de los receptores entre líneas, superioridades por los costados, salida limpia desde los centrales y el mediocentro y los apoyos y desmarques al espacio de los delanteros ya son una marca indeleble en el equipo de Napoleón. Una marca que quiere seguir dominando el fútbol sudamericano y que lo depositó nuevamente entre los cuatro mejores del continente.