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Una historia insólita de River en la B Nacional

Anticipo exclusivo un fragmento de mi libro Mi Vida Con River con una anécdota desopilante en Madryn que ilustra bien lo que fue aquel sufrido paso del Millonario por el Nacional B.



Lo que sigue, es un extracto del Capítulo VII de Mi Vida con River:



Jugaba a cancha llena todos los partidos, generaba lo que siempre, pero tal vez un poco más porque la gente quería acompañar al equipo en ese momento antinatural. Siempre lo llamé así. Fue un año antinatural para los hinchas de River. Querían estar más cerca en ese tiempo de angustia, y así fui conociendo mucho más a la gente en todas las provincias.



Esta profesión siempre me dio la oportunidad de viajar mucho, pero en esa etapa comprendí mejor lo que es River en cada rincón de la Argentina. 



La decepción se me fue pasando con las fechas y encaré la empresa con un gran profesionalismo. Relaté los 38 partidos de la campaña, no falté a ninguno. Recuerdo haber relatado en la cancha de Huracán de Corrientes, un estadio que no conocía, contra Boca Unidos; un partido a puertas cerradas contra Desamparados de San Juan en la cancha de Huracán, y un compromiso increíble en Puerto Madryn, la cancha más insólita de todas en las que jugó River en la B.



Varado en la Patagonia



Vivimos un momento increíble. En pleno partido contra Brown de Madryn, la cancha era muy chiquita y se corría la bola de que no salían los aviones. Esa tarde estábamos todos apilados, los plateístas me tapaban la visión. Se terminó el partido, a River lo llevan a Comodoro Rivadavia y consigue despegar.



Yo tomo habitualmente una pastilla para dormir. Como ese viaje estaba originalmente programado ida y vuelta en el día, no me había llevado la pastilla para la noche... Me agarró una desesperación enorme. Un médico de Puerto Madryn me dio algo alternativo, con una aclaración: esa pastilla hacía dormir hasta a un caballo. Me la tomé pero no pude pegar un ojo.



Un día. Otro día. Los aviones nunca salían. Al quinto día, agotado y casi sin dormir, nos fuimos a Comodoro Rivadavia en remise para, finalmente, regresar. Cuando faltaban quince minutos para aterrizar en Buenos Aires, el piloto nos avisa que íbamos a aterrizar en Córdoba... ¡Me quería matar! ¡La locura que me agarró arriba de ese aparato! Pero sobre el filo nos confirmaron que bajábamos en Ezeiza. Demencial…



Así transitamos un camino que River terminó, finalmente, con mucha preocupación. En la anteúltima fecha del campeonato River jugó en Santa Fe contra Patronato de Paraná, el Chori Domínguez erró un penal, era sábado. Yo tenía que regresar con urgencia, debía estar a las 22:50 de esa misma noche en la pantalla de Fox Sports porque hacíamos “El Superclásico”. River no logró vencer a Patronato, la angustia volvió a instalarse en el ambiente del club, el remisero que nos llevó a Santa Fe se perdió y no encontraba la salida hacia Buenos Aires…



Increíblemente llegué con cinco minutos de adelanto al inicio del programa pero con una enorme preocupación.



El domingo al mediodía, Rosario Central, que era el perseguidor de River, recibía a Chacarita. Sentíamos que para el equipo rosarino era un trámite y pensaba: “¿otro año más en la B Nacional?” Me mataba profesionalmente, se terminaba mi vida como relator. Ya había hecho todo un campeonato, no me daba más el cuero para sostenerme con River otro año en la B.



Miré el partido por TV en mi casa. Y me llama un amigo en el instante en el que Chacarita abre el marcador, y le pido: "¡no me llamés más, sos un gordo mufa! ¡Tengo miedo!" Al instante empató Central... Después empezó a romperla Sebastián Ereros, y produjo el milagro: el cuadro de San Martín ganó 3-1 y a River le quedó una mínima ventaja para jugar un partido decisivo contra Almirante Brown en el Monumental. Lo jugó mal, con angustia, con nervios, pero lo ganó 2-0 y consumó el ascenso.



Fue una experiencia profesional impresionante. Pero futbolísticamente fue un parto. Era un equipo con mucho altibajos, que a lo mejor te goleaba, te pintaba la cara, y después terminaba empatando con Atlanta en la segunda ronda después de haberle hecho siete goles en la primera rueda. Hubo mucha angustia. No le ganó a Patronato, no le ganó a Defensa y Justicia en el estadio Ciudad de La Plata, eso iba generando dudas e instalando la preocupación de que el camino para la vuelta iba a ser mucho más difícil de lo que parecía.



*Extraído del Capítulo VII de Mi Vida con River, libro que editó Libro Fútbol y que ya pueden adquirir desde la sección Tienda de esta misma web.