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Seis años en la élite

Después de la suspensión del fútbol por la pandemia del Coronavirus, Marcelo Gallardo encarará un nuevo semestre al mando de River y buscará luchar en todos los frentes. Una vez más...



Marcelo Gallardo cambió la historia de River. Está claro que River ya era un gigante a nivel mundial, con una estructura de club reconocida y equipos de fútbol que quedaron en la gloria por su juego y sus títulos. Incluso algunos que no coronaron, sobre todo aquellos de la nefasta racha de 17 años sin vueltas olímpicas, son recordados. Pero el Muñeco le dio un plus…

River se debía más campeonatos internacionales. Tenía pocos, apenas cinco. Fue algo que reconoció el técnico cuando asumió allá por junio de 2014, seis años ya. Seis años en la elite, con un River siempre competitivo. Ahí está la clave. Gallardo nunca armó equipos para cumplir. Siempre buscó ganar, dejar algo, exprimir al máximo las posibilidades. Muchas veces pudo, en otras le faltó algo, pero es indiscutible que nunca fue a ver qué pasaba en una competencia. Quizás le faltó mostrar otra imagen en los Mundiales de Clubes, pero a los dos llegó fundido futbolístico y, sobre todo, mentalmente.  

Para lograr esa competitividad no sólo necesitó (y necesitará, porque esto sigue) de sabiduría futbolística, de estar bien rodeado, de contar con ayudantes que, como él, viven por y para él fútbol. El valor humano es clave, fundamental en la convivencia, en el día a día. Cuesta encontrar jugadores que hayan pasado por su River que esgriman una crítica. Ni aquellos a los que alguna vez les dijo que no los iba a tener en cuenta reparan en feas palabras. Asumen sus errores. Lo dijo el Chino Rojas hace tiempo, más acá en el tiempo lo reconoció Iván Rossi. No estaban preparados para la exigencia de Gallardo.

Juega el que está mejor y punto, si no que lo diga Ponzio, el capitán de este ciclo, quien ya hace tiempo participa en cuentagotas. Pero sigue porque su rol es decisivo aún sin meterse tanto en el once titular. O que lo confirme Pratto, que de héroe de la Libertadores 2018 pasó a ser el cuarto delantero hasta que la pandemia paró la actividad. Y no pensó en irse el Oso, al contrario. Más allá de una movida de su representante, Pratto está motivado en ser aquel hombre que le aportó más que goles al equipo. 

El estilo de juego siempre fue ofensivo. Con matices, sí. Y ahí está el gran asunto. Gallardo no perdió en su búsqueda aún cambiando equipos cada seis o doce meses. Su primer River, versión 2014, fue el de la posesión y el brillo. Así obtuvo la Sudamericana. Ocho meses después ganó la Libertadores con más combate, el tándem Kranevitter-Ponzio y un temple infernal. Luego fue mutando, probó con un cuadrado en el medio, con tres delanteros, con tres conectores delante del 9, con un 5 de juego y tres volantes de manejo para abastecer a dos puntas, terminó jugando con tres zagueros y dos laterales lanzados. Jamás perdió intensidad con todos los dibujos. Y el que no corre, no juega. Y siguió ganando.

En el mercado de pases, como todos los DT, tuvo buenas y malas. Existieron los Arzura, Mina, Nico Domingo, Denis Rodríguez, Auzqui, hombres que nunca terminaron de encajar. Por diferentes motivos, no salieron bien jugadores que eran requeridos en su momento por varios clubes: Bertolo, Lollo, Larrondo… La cuenta le da muy a favor a Gallardo si uno piensa en Pisculichi, Alario, Pity Martinez, Nacho Fernández, Casco, Pinola, Armani, Enzo Pérez, Scocco, Quintero, Pratto… Con ellos, River ganó mucho.

El mismo análisis vale para las apuestas de juveniles. Hubo chicos que quedaron en el camino (pasó toda la vida), como por ejemplo Dinho López, Arellano, Casquete, Salto en los comienzos y más acá Marcel Picazzo, Morán Correa, Sibile, entre otros. Pero es también Gallardo quien le dio pista, rodaje, continuidad y crecimiento como futbolistas a Montiel, Martínez Quarta, Palacios, hombres que le hicieron y le harán ganar mucho dinero a River.

Y como el Muñeco está un paso adelante también monitorea el proyecto infanto juvenil. Se reúne todas las semanas con los encargados de las inferiores, charla con los técnicos, los preparadores físicos, los psicólogos, sabe lo que pasa en la pensión. Y así será hasta que permanezca en Núñez. Le dará más cabida a los chicos mezclándolos con los referentes para que el cambio no sea tan violento. Algo que le pasó a él en la década del 90 hasta que se afirmó y fue un futbolista notable. Obviamente, todos los casos no son iguales, después dependerá de la cabeza y el talento de cada chico.

Gallardo está en todo. Algún día habló de la “guardia alta” y los hechos le dieron la razón. No se refería simplemente a un arbitraje o al famoso peso en AFA. El asunto era más grande. Sólo vale revisar los hechos recientes en materia judicial en Argentina. A buen entendedor… 

También le marcó la cancha al fútbol argentino. El 17 de junio reclamó un plan de salida tras la pandemia. No pidió jugar, menos entrenar, aunque así lo quisiera. Fue más allá. Exigió futuro, el que el fútbol doméstico parece no tener, no hallar la salida, esa problemática interna que algún día lo terminará expulsando a Europa, cansado y gastado de la poca previsibilidad que existe. 

Por ahora, aunque algunos busquen erosionarlo inventándole cosas y frases que no dice, nada parece gastarlo. Quiere seguir peleando desde adentro. Dar batalla. Armar equipos. Potenciar lo que hizo en estos seis años de elite. Ir por más. Está claro que un día se irá. Escribirlo duele, porque no sólo River perderá un enorme valor.